“…era un 9 de enero; Hanz y yo estabamos apostados en un pequeño y condenado crater que un T 34 le hizo a su suelo natal; la nieve que volaba de un lado al otro producto de los disparos no hacía más que joder nuetra visión pero definitivamente lo que me destruía los nervios era el maldito frío; siquiera en los confines de noruega hacia este endemoniado frío. Lo peor son las gotas que resbalan por mis canillas, hay algo en esas gotas que me perforaban el cerebro y me perjudicaban más que los rusos… Recibimos la orden del kapiten de avanzar, ¡¿acaso no ven que nos están despedazando?! pasaron 3 meses ya y no hemos avanzado siquiera 5 metros; me pregunto que sera de Junger y Karol, esos malditos si que disfrutaban del vodka, ahora no tenemos ni cigarros, tan solo unas colillas de tabaco horrible ruso que deberían llamarse Cancer rubios… Por fin llegó la correspondencia, me compadezco del pobre Mattias, nada para él…”
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