“La noche del 23 de febrero no fue usual en el Kremlin; el camarada Puvlov vomitaba sangre en el hall de la secretaría de Asuntos Internos asistido por el mejor cuerpo de médicos de toda la Unión Sovíetica. El camarada Rachdimoff corría por el solemne edificio buscando toallas. El frío de Junio detuvo por unos momentos el avance de las tropas norteamericanas, más precisamente de la compañia Baker. Tras minutos de gritos soviéticos y alardes paneslavos que recorrían el terreno, una metralla sacudió el silencio estremeciendo el presente. -”Waste da mothefucka!” gritó el Teniente Donovan a la seccion Charly. Las balas trazadoras dieron un pincelazo fugaz y naranja al lienzo ruso y los cuerpos maltrechos de los cenicientos suboficiales obedecieron la ley newtonesca para fenecer en gloria…”
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