A day in life

Hay olor a cigarrillo matinal, más que olor y para hablar con propiedad, un hedor. Esa sensación de asfixia con químicos vencidos en la antigua guerra civil yugoslava. Son parisiennes…como si faltara algo. Bajo su cuerpo, construida por vaya a saber que inútil en las artes de forjar materiales, una proto-litera… porque ni cama se podía llamar a eso. Si por él fuera necesitaba 3 horas de masajes para podes vivir.
Miró de reojo la situación; dos compañeros de ruta lo observaban.
-“Son las 6… levantate. Hoy tenés un día de mierda.”
Era de esperar. Hoy iba Patricio Hernández al estudio. Si dios pusiera énfasis en cagarle la vida a los hombres de bien pondría a ese tipo al frente de una comisión, pensaba.
Se levantó quejoso. Vivía quejoso. Encaraba al espejo con la sapiencia de encontrar una cara de orto consuetudinaria. Alzaba la pasta de dientes para encontrar el pomo apretado por la mitad. “Quién es el puto bilardista que se hizo el vivo otra vez? Fuiste vos gordo cabeza de stopper…”, musitaba.
Miraba el reloj: Las 8. Dos horas le tomó ver Boca – Gremio del 2007. Enganche, apertura del campo, profundidad y puñal al corazón del rival… abría la billetera y veía las fotos de sus hijas… “pensar que tu marido me habla del chelito delgado y la concha de mi suegra”.
Con esa gracia salía a la calle. A convivir (¿).

La llegada al estudio no ayuda. “Payaso! Como va don?!” llueven los saludos ambiguos… “un día vengo con un lanzanarices rojas y me recibo de proctólogo, soretes del offside.” Dos pasos después y una mirada saluda su día: “Hola Horacito! Ayer recé por vos..”- “qué haces Gastón? (no te va internarte en Sudan y evangelizarte la chota?)” – “Bien, ayer hablé con diego… está preocupado por el mediocampo de Angola” – “De quién?!” – “Angola… Parece que diego quiere probar a Amuchastegui y a De Vicente en marzo… y es en serio.”
Agachó la cabeza y camino hasta el camarín. “Don Alejandro cómo le va?” – “Fantástico, Walter se quedo disfónico así que relata otro… como si fuera poco en el 7 ahora me quieren poner a conducir un programa sobre el socialismo en la estadística y los censos del primer cordón urbano de William Morris, y la influencia de Platense en todo eso, no?” – “te sonríe la vida a vos, eh? (…)”

Una sombra invade el estudio, entre Palacios y Farinella se pelean por bloquear la luz del sol. “Muchachoooossss… cómo dice que les va?” (es obvio que es Palacios…)
La pelota numero 5 tiene dos obras sociales por las dudas: abajo de los sobacos del gordo parece una obra de Heydrich. Farinella viene todavía mas sonriente: “Tengo un titulo para Ole que me conduce a Marcos Paz en temporada de verano, gente: Como el ass-trada!, no es buenísimo?” Un par de pelotudos le siguen el juego, 1 por lastima, el otro por interés (es un pasante con ganas de mechar algún que otro error en el diario).

Pasa el programa… pasa Patricio Hernández y 17 llamadas telefónicas mandando a la recalcada concha de su madre al enésimo pase lateral de Román en el campo de juego. No importa. “Ellos no entienden nada, no entienden el talco, el saco, los cuernos, los amigos (¿). Román es distinto”. Enfrenta al espejo una vez más: sacarse el maquillaje cada vez cuesta más.

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