Este es un capítulo virtual de una historia virtual llamada “Bramánido” (?) que algún dia vera la luz. Lo titularemos “La era demiurga”
[…] Anatoliy caminaba por la línea abismal entre la insanidad y la locura. Una columna de transeúntes lo separaba de un imbécil que buscaba su cabeza de 45 mil rublos. Se apostó sobre una esquina y aguardó el switch del semáforo para hacerse de unos centímetros y de la sien del adversario. El día era necesariamente un obstáculo. El elemento “testigos” no era un estorbo en tanto publicidad del acto, de hecho era un aliciente. Pero el concepto de duelo siempre le había fascinado. Así que… simplemente abrió fuego sobre la gente para generar ese pasillo mortal por el que las balas se conducen. 5 segundos después de accionar el gatillo ya había 3 metros de espacio vital. Podía verle las facciones de la cara. Era caucásico, de pronunciada barbilla y ojos pequeños. “un maldito gitano” resumió Anatoliy. “¿Envían un condenado transilvano por mi?”, su ego viajaba por las 20 mil leguas submarinas sin siquiera conocer a Nemo. Caminó brioso a la muerte sin encontrar represalias. Fue cuestión de saludar las rotulas gitanas con casquillos de bronce.
Para hacer la delicia completa, tan solo a 70 metros otro idiota cometía el desliz de robar una tienda de mascotas. “¿Qué carajo le hizo una tortuga a la humanidad?” reflexionaba nuestro soviético amigo. Una corrida irregular en el escenario dantesco que Anatoliy había desatado alertó los sentidos y lo pusieron frente al estupido armado.
La risa nerviosa corroía la paciencia de los presentes, casi espectadores de una batalla gratis. Por supuesto que Anatoliy no era evasor de tal fenomenología. Dos palabras y media sentenciaron el destino: “qué carajo mir…”, certero y artístico dibujo una sonrisa en el cráneo ofensor con su escalpelo laboral […]
[…] Anatoliy caminaba por la línea abismal entre la insanidad y la locura. Una columna de transeúntes lo separaba de un imbécil que buscaba su cabeza de 45 mil rublos. Se apostó sobre una esquina y aguardó el switch del semáforo para hacerse de unos centímetros y de la sien del adversario. El día era necesariamente un obstáculo. El elemento “testigos” no era un estorbo en tanto publicidad del acto, de hecho era un aliciente. Pero el concepto de duelo siempre le había fascinado. Así que… simplemente abrió fuego sobre la gente para generar ese pasillo mortal por el que las balas se conducen. 5 segundos después de accionar el gatillo ya había 3 metros de espacio vital. Podía verle las facciones de la cara. Era caucásico, de pronunciada barbilla y ojos pequeños. “un maldito gitano” resumió Anatoliy. “¿Envían un condenado transilvano por mi?”, su ego viajaba por las 20 mil leguas submarinas sin siquiera conocer a Nemo. Caminó brioso a la muerte sin encontrar represalias. Fue cuestión de saludar las rotulas gitanas con casquillos de bronce.
Para hacer la delicia completa, tan solo a 70 metros otro idiota cometía el desliz de robar una tienda de mascotas. “¿Qué carajo le hizo una tortuga a la humanidad?” reflexionaba nuestro soviético amigo. Una corrida irregular en el escenario dantesco que Anatoliy había desatado alertó los sentidos y lo pusieron frente al estupido armado.
La risa nerviosa corroía la paciencia de los presentes, casi espectadores de una batalla gratis. Por supuesto que Anatoliy no era evasor de tal fenomenología. Dos palabras y media sentenciaron el destino: “qué carajo mir…”, certero y artístico dibujo una sonrisa en el cráneo ofensor con su escalpelo laboral […]
Fragmento de una novela que algún día escribiré y titularé “Dagas de Düseldorff” (Mentira…)
“…La 4ta brigada de caballería avanzaba frenética hacia al norte con los Shermans dictando la historia. El coronel Richardson guiaba a sus hombres desde la torreta e indicaba el Noroeste. La espesa niebla y las hojas resultaban un manto incógnito que la compañia Baker debería sortear con éxito para poder penetrar la línea enemiga; sumado al frío de febrero, era una situación no muy idónea para derramar sangre. Tras diez minutos de avance ininterrumpido Richardson cerró el puño en señal de alto, había una silueta difusa que alteró la tranquila mañana y llevaba horas esperando este encuentro; enseguida dió la orden de “lights out” que indicaba apagar las colillas encendidas inmediatamente. A tan sólo ochocientos metros se encontraba estacionada la 1era división Panzer de caballería de la wehrmacht de unos mil efectivos comandados por el General de caballería Maximilian Maria Joseph Reichffrhf von Weich zu Glon. Richardson solicitó los prismáticos al capitán Hamilton, un robusto hombre caucásico de pelos obscuros como el ébano. Como sospechó, la primera línea de reconocimiento contaba de tres hombres con rifles de alta precisión que se encaminaban directamente hacia ellos y debía deshacerse de los mismos con prisa o la situación se volvería caótica. El coronel mandó a llamar a sus mejores francotiradores, el teniente Matthew Malone y el cabo Tyshon Price, un delgado negro que podría confundirse con un integrante del los globber trotters con facilidad. - “TFF (Time for Fun) hope u bring your underwears clean today” murmuró el teniente Scott a los soladados cercanos. Tras las indicaciones pertinentes se apostaron a unos cinco metros de distancia del convoy blindado acostándose sobre el espeso colchón de hierba bajo sus pies, besaron los casquillos - un hábito sacro en el cuerpo de francotiradores de Massachussets - y tras jalar del gatillo la pálida dermis aria se fracturó en mi pedazos cobijando las balas en la parte anterior de las gargantas por lo que los soldados sólo lograron emitir un sonido seco, como una respuesta disfónica. El tercer suboficial de la brigada que formaba la retaguardia del miniescuadrón de avanzada vió los cuerpos caer y exclamó con fuerza “¡Allies!”. Cuando la letra “s” terminaba de alojarse en los huesos componentes del sistema audífono aleman, Richardson ordenó el “Fire at will”casi iracundo y los Sherman y los A12 Matilda del regimiento británico de apoyo escupieron sus municiones con descaro impactando en las corazas de los PzKpfw I que inicaban un iluso intento de defensa ante la espontaneidad del ataque. La desesperación ganaba las venas de la 1era división y la confusión dió tiempo a lo gallardo para emprender la venganza. El Teniente General Rudolf Schmitt inició la contraofensiva ordenado a sus mayores generales, Friederich Kirchener y Ricard Koll desplegarse en formación y cubrir el flanco oriental de manera urgente. La escarcha derretida se filtraba por sus botas y un punzante dolor acariciaba las humanidades haciendo de aquella batalla un suceso más atroz aún. Bajo el sonido de los proyectiles que formaban un arco gigante, el 81º peloton motorizado se cubría tras las enormes siluetas de los PzKpfw I y II; los bramidos germánicos se extendían en las ondas sonoras del bosque y llegaban a la compañia Baker saciando su sed de victoria…” [Continuará - Todos los derechos reservados]
pd: ya se que los PzKpfw I y los Matilda nunca se enfrentaron (¬¬)
“…La 4ta brigada de caballería avanzaba frenética hacia al norte con los Shermans dictando la historia. El coronel Richardson guiaba a sus hombres desde la torreta e indicaba el Noroeste. La espesa niebla y las hojas resultaban un manto incógnito que la compañia Baker debería sortear con éxito para poder penetrar la línea enemiga; sumado al frío de febrero, era una situación no muy idónea para derramar sangre. Tras diez minutos de avance ininterrumpido Richardson cerró el puño en señal de alto, había una silueta difusa que alteró la tranquila mañana y llevaba horas esperando este encuentro; enseguida dió la orden de “lights out” que indicaba apagar las colillas encendidas inmediatamente. A tan sólo ochocientos metros se encontraba estacionada la 1era división Panzer de caballería de la wehrmacht de unos mil efectivos comandados por el General de caballería Maximilian Maria Joseph Reichffrhf von Weich zu Glon. Richardson solicitó los prismáticos al capitán Hamilton, un robusto hombre caucásico de pelos obscuros como el ébano. Como sospechó, la primera línea de reconocimiento contaba de tres hombres con rifles de alta precisión que se encaminaban directamente hacia ellos y debía deshacerse de los mismos con prisa o la situación se volvería caótica. El coronel mandó a llamar a sus mejores francotiradores, el teniente Matthew Malone y el cabo Tyshon Price, un delgado negro que podría confundirse con un integrante del los globber trotters con facilidad. - “TFF (Time for Fun) hope u bring your underwears clean today” murmuró el teniente Scott a los soladados cercanos. Tras las indicaciones pertinentes se apostaron a unos cinco metros de distancia del convoy blindado acostándose sobre el espeso colchón de hierba bajo sus pies, besaron los casquillos - un hábito sacro en el cuerpo de francotiradores de Massachussets - y tras jalar del gatillo la pálida dermis aria se fracturó en mi pedazos cobijando las balas en la parte anterior de las gargantas por lo que los soldados sólo lograron emitir un sonido seco, como una respuesta disfónica. El tercer suboficial de la brigada que formaba la retaguardia del miniescuadrón de avanzada vió los cuerpos caer y exclamó con fuerza “¡Allies!”. Cuando la letra “s” terminaba de alojarse en los huesos componentes del sistema audífono aleman, Richardson ordenó el “Fire at will”casi iracundo y los Sherman y los A12 Matilda del regimiento británico de apoyo escupieron sus municiones con descaro impactando en las corazas de los PzKpfw I que inicaban un iluso intento de defensa ante la espontaneidad del ataque. La desesperación ganaba las venas de la 1era división y la confusión dió tiempo a lo gallardo para emprender la venganza. El Teniente General Rudolf Schmitt inició la contraofensiva ordenado a sus mayores generales, Friederich Kirchener y Ricard Koll desplegarse en formación y cubrir el flanco oriental de manera urgente. La escarcha derretida se filtraba por sus botas y un punzante dolor acariciaba las humanidades haciendo de aquella batalla un suceso más atroz aún. Bajo el sonido de los proyectiles que formaban un arco gigante, el 81º peloton motorizado se cubría tras las enormes siluetas de los PzKpfw I y II; los bramidos germánicos se extendían en las ondas sonoras del bosque y llegaban a la compañia Baker saciando su sed de victoria…” [Continuará - Todos los derechos reservados]
pd: ya se que los PzKpfw I y los Matilda nunca se enfrentaron (¬¬)
“La noche del 23 de febrero no fue usual en el Kremlin; el camarada Puvlov vomitaba sangre en el hall de la secretaría de Asuntos Internos asistido por el mejor cuerpo de médicos de toda la Unión Sovíetica. El camarada Rachdimoff corría por el solemne edificio buscando toallas. El frío de Junio detuvo por unos momentos el avance de las tropas norteamericanas, más precisamente de la compañia Baker. Tras minutos de gritos soviéticos y alardes paneslavos que recorrían el terreno, una metralla sacudió el silencio estremeciendo el presente. -”Waste da mothefucka!” gritó el Teniente Donovan a la seccion Charly. Las balas trazadoras dieron un pincelazo fugaz y naranja al lienzo ruso y los cuerpos maltrechos de los cenicientos suboficiales obedecieron la ley newtonesca para fenecer en gloria…”
“…era un 9 de enero; Hanz y yo estabamos apostados en un pequeño y condenado crater que un T 34 le hizo a su suelo natal; la nieve que volaba de un lado al otro producto de los disparos no hacía más que joder nuetra visión pero definitivamente lo que me destruía los nervios era el maldito frío; siquiera en los confines de noruega hacia este endemoniado frío. Lo peor son las gotas que resbalan por mis canillas, hay algo en esas gotas que me perforaban el cerebro y me perjudicaban más que los rusos… Recibimos la orden del kapiten de avanzar, ¡¿acaso no ven que nos están despedazando?! pasaron 3 meses ya y no hemos avanzado siquiera 5 metros; me pregunto que sera de Junger y Karol, esos malditos si que disfrutaban del vodka, ahora no tenemos ni cigarros, tan solo unas colillas de tabaco horrible ruso que deberían llamarse Cancer rubios… Por fin llegó la correspondencia, me compadezco del pobre Mattias, nada para él…”
[encontrá el capitulo 1 en http://cosmonautasenfuga.blogspot.com/]
Pasadas las 10 a.m me levanté algo mareado. La fiesta de curtis había estado sensacional, definitivamente mi aliento a margaritas daba fe de ello. La cama algo ordenada daba cuenta que no hubo acción ni que james bond se apoderó de mi pero, por lo menos pude recolectar el teléfono de Joanne, llevaba un vestido de licuadora que volvió loco a la fiesta. Cuando terminé de desperezarme me dirigí a la cocina, necesitaba un cafe con leche y unos croissants para bautizar la jornada. De pronto el sonido de la alarma de mi reloj pulsera sonó y su sonido hizo como un cosquilleo en mi materia gris, realmente lo sentí curioso. No di tres pasos que recordé lo que era: dentro de menos de 2 horas tenía que estar en el autódromo, Curtis me había invitado al gran premio de F1 y correría el gran Jim Clark “el Arcangel de la Velocidad” con su precioso Lotus. París estaba realmente fría esa mañana y decidí salir rápido al Champs Elise en busca de mi amigo millonario. Acordamos encontrarnos a las 11.30, nos dirigiríamos con su Jaguar V6 a Mónaco para codearnos con algunas mujeres extraplanetarias y empaparnos de olor a caucho quemado y sentir la adrenalina propia de los boxes más lujosos del mundo. Al bajar saludé a Francoise, el elegante recepcionista del hotel, quien me respondió un tanto cariñoso y un escalofrío recorrio mi cuerpo. Nota mental pensé: no volver a hablarle más a ese condenado francés maricón. Tras una breve caminata llegue al punto de reunión y aviste lejano ese verde ingles notorio del Jaguar. Lo habíamos bautizado Winston en honor a ese gordo heroico que salvo a los ingleses de las garras de los bastardos nazis. Curtis levanto su mano cuando me reconoció y aceleró hasta mi punto.
Shaggy: - ¿buenas nuevas amigo?
Curtis: - Ninguna, el pobre James esta exhausto ordenando la mansión; esa fiesta fue pólvora pura!-
Shaggy: - Ni que lo digas, tengo tanto vodka en las venas que si pretendiera soplar ahora me arrestarían por piromaníaco!
Pasadas las 10 a.m me levanté algo mareado. La fiesta de curtis había estado sensacional, definitivamente mi aliento a margaritas daba fe de ello. La cama algo ordenada daba cuenta que no hubo acción ni que james bond se apoderó de mi pero, por lo menos pude recolectar el teléfono de Joanne, llevaba un vestido de licuadora que volvió loco a la fiesta. Cuando terminé de desperezarme me dirigí a la cocina, necesitaba un cafe con leche y unos croissants para bautizar la jornada. De pronto el sonido de la alarma de mi reloj pulsera sonó y su sonido hizo como un cosquilleo en mi materia gris, realmente lo sentí curioso. No di tres pasos que recordé lo que era: dentro de menos de 2 horas tenía que estar en el autódromo, Curtis me había invitado al gran premio de F1 y correría el gran Jim Clark “el Arcangel de la Velocidad” con su precioso Lotus. París estaba realmente fría esa mañana y decidí salir rápido al Champs Elise en busca de mi amigo millonario. Acordamos encontrarnos a las 11.30, nos dirigiríamos con su Jaguar V6 a Mónaco para codearnos con algunas mujeres extraplanetarias y empaparnos de olor a caucho quemado y sentir la adrenalina propia de los boxes más lujosos del mundo. Al bajar saludé a Francoise, el elegante recepcionista del hotel, quien me respondió un tanto cariñoso y un escalofrío recorrio mi cuerpo. Nota mental pensé: no volver a hablarle más a ese condenado francés maricón. Tras una breve caminata llegue al punto de reunión y aviste lejano ese verde ingles notorio del Jaguar. Lo habíamos bautizado Winston en honor a ese gordo heroico que salvo a los ingleses de las garras de los bastardos nazis. Curtis levanto su mano cuando me reconoció y aceleró hasta mi punto.
Shaggy: - ¿buenas nuevas amigo?
Curtis: - Ninguna, el pobre James esta exhausto ordenando la mansión; esa fiesta fue pólvora pura!-
Shaggy: - Ni que lo digas, tengo tanto vodka en las venas que si pretendiera soplar ahora me arrestarían por piromaníaco!
Hay olor a cigarrillo matinal, más que olor y para hablar con propiedad, un hedor. Esa sensación de asfixia con químicos vencidos en la antigua guerra civil yugoslava. Son parisiennes…como si faltara algo. Bajo su cuerpo, construida por vaya a saber que inútil en las artes de forjar materiales, una proto-litera… porque ni cama se podía llamar a eso. Si por él fuera necesitaba 3 horas de masajes para podes vivir.
Miró de reojo la situación; dos compañeros de ruta lo observaban.
-“Son las 6… levantate. Hoy tenés un día de mierda.”
Era de esperar. Hoy iba Patricio Hernández al estudio. Si dios pusiera énfasis en cagarle la vida a los hombres de bien pondría a ese tipo al frente de una comisión, pensaba.
Se levantó quejoso. Vivía quejoso. Encaraba al espejo con la sapiencia de encontrar una cara de orto consuetudinaria. Alzaba la pasta de dientes para encontrar el pomo apretado por la mitad. “Quién es el puto bilardista que se hizo el vivo otra vez? Fuiste vos gordo cabeza de stopper…”, musitaba.
Miraba el reloj: Las 8. Dos horas le tomó ver Boca – Gremio del 2007. Enganche, apertura del campo, profundidad y puñal al corazón del rival… abría la billetera y veía las fotos de sus hijas… “pensar que tu marido me habla del chelito delgado y la concha de mi suegra”.
Con esa gracia salía a la calle. A convivir (¿).
La llegada al estudio no ayuda. “Payaso! Como va don?!” llueven los saludos ambiguos… “un día vengo con un lanzanarices rojas y me recibo de proctólogo, soretes del offside.” Dos pasos después y una mirada saluda su día: “Hola Horacito! Ayer recé por vos..”- “qué haces Gastón? (no te va internarte en Sudan y evangelizarte la chota?)” – “Bien, ayer hablé con diego… está preocupado por el mediocampo de Angola” – “De quién?!” – “Angola… Parece que diego quiere probar a Amuchastegui y a De Vicente en marzo… y es en serio.”
Agachó la cabeza y camino hasta el camarín. “Don Alejandro cómo le va?” – “Fantástico, Walter se quedo disfónico así que relata otro… como si fuera poco en el 7 ahora me quieren poner a conducir un programa sobre el socialismo en la estadística y los censos del primer cordón urbano de William Morris, y la influencia de Platense en todo eso, no?” – “te sonríe la vida a vos, eh? (…)”
Una sombra invade el estudio, entre Palacios y Farinella se pelean por bloquear la luz del sol. “Muchachoooossss… cómo dice que les va?” (es obvio que es Palacios…)
La pelota numero 5 tiene dos obras sociales por las dudas: abajo de los sobacos del gordo parece una obra de Heydrich. Farinella viene todavía mas sonriente: “Tengo un titulo para Ole que me conduce a Marcos Paz en temporada de verano, gente: Como el ass-trada!, no es buenísimo?” Un par de pelotudos le siguen el juego, 1 por lastima, el otro por interés (es un pasante con ganas de mechar algún que otro error en el diario).
Pasa el programa… pasa Patricio Hernández y 17 llamadas telefónicas mandando a la recalcada concha de su madre al enésimo pase lateral de Román en el campo de juego. No importa. “Ellos no entienden nada, no entienden el talco, el saco, los cuernos, los amigos (¿). Román es distinto”. Enfrenta al espejo una vez más: sacarse el maquillaje cada vez cuesta más.
Miró de reojo la situación; dos compañeros de ruta lo observaban.
-“Son las 6… levantate. Hoy tenés un día de mierda.”
Era de esperar. Hoy iba Patricio Hernández al estudio. Si dios pusiera énfasis en cagarle la vida a los hombres de bien pondría a ese tipo al frente de una comisión, pensaba.
Se levantó quejoso. Vivía quejoso. Encaraba al espejo con la sapiencia de encontrar una cara de orto consuetudinaria. Alzaba la pasta de dientes para encontrar el pomo apretado por la mitad. “Quién es el puto bilardista que se hizo el vivo otra vez? Fuiste vos gordo cabeza de stopper…”, musitaba.
Miraba el reloj: Las 8. Dos horas le tomó ver Boca – Gremio del 2007. Enganche, apertura del campo, profundidad y puñal al corazón del rival… abría la billetera y veía las fotos de sus hijas… “pensar que tu marido me habla del chelito delgado y la concha de mi suegra”.
Con esa gracia salía a la calle. A convivir (¿).
La llegada al estudio no ayuda. “Payaso! Como va don?!” llueven los saludos ambiguos… “un día vengo con un lanzanarices rojas y me recibo de proctólogo, soretes del offside.” Dos pasos después y una mirada saluda su día: “Hola Horacito! Ayer recé por vos..”- “qué haces Gastón? (no te va internarte en Sudan y evangelizarte la chota?)” – “Bien, ayer hablé con diego… está preocupado por el mediocampo de Angola” – “De quién?!” – “Angola… Parece que diego quiere probar a Amuchastegui y a De Vicente en marzo… y es en serio.”
Agachó la cabeza y camino hasta el camarín. “Don Alejandro cómo le va?” – “Fantástico, Walter se quedo disfónico así que relata otro… como si fuera poco en el 7 ahora me quieren poner a conducir un programa sobre el socialismo en la estadística y los censos del primer cordón urbano de William Morris, y la influencia de Platense en todo eso, no?” – “te sonríe la vida a vos, eh? (…)”
Una sombra invade el estudio, entre Palacios y Farinella se pelean por bloquear la luz del sol. “Muchachoooossss… cómo dice que les va?” (es obvio que es Palacios…)
La pelota numero 5 tiene dos obras sociales por las dudas: abajo de los sobacos del gordo parece una obra de Heydrich. Farinella viene todavía mas sonriente: “Tengo un titulo para Ole que me conduce a Marcos Paz en temporada de verano, gente: Como el ass-trada!, no es buenísimo?” Un par de pelotudos le siguen el juego, 1 por lastima, el otro por interés (es un pasante con ganas de mechar algún que otro error en el diario).
Pasa el programa… pasa Patricio Hernández y 17 llamadas telefónicas mandando a la recalcada concha de su madre al enésimo pase lateral de Román en el campo de juego. No importa. “Ellos no entienden nada, no entienden el talco, el saco, los cuernos, los amigos (¿). Román es distinto”. Enfrenta al espejo una vez más: sacarse el maquillaje cada vez cuesta más.
Esta es una letra para lo que alguna vez será una canción...
Viniendo de mi es muy jipi, pero permítanme algún momento de sensibilidad (?)
Viniendo de mi es muy jipi, pero permítanme algún momento de sensibilidad (?)
Prefacio (instrumental)
Primer Acto: El llamado de la Nación
Comenzó una navidad, noche cálida de humedad.
Fui citado de urgencia por la sádica verdad.
Esa noche algo cambió, el cielo se tiñó.
Nubes destellantes son reflejo del fuego que escupe el suelo.
Esos rostros que veo, alientan mi condición
y la desesperación divulga la compasión.
Subí asustado a ese avión, un carguero improvisado;
silbando Stukas vislumbraron mi posición:
Ahí todo comenzó.
Fiebre, sangre y hedor. Cenizas y pólvora.
Esa es toda la cuestión, es cuestión de olvidar.
Madre reza por los dos, porque viva y por vos.
Solitaria quedarás en los brazos de esta realidad.
Encendimos el motor, las aspas se movieron,
la adrenalina y el sopor... es que hay miedo.
Mis compañeros tiritaban, hacia frío y esas balas
atinaban con furia y sin distracción.
Una vez a 10 mil metros todo fue calma y alivio;
las órdenes se olvidaron porque todo había pasado.
Ahora era tiempo de reflexión...
---------------------------------------------------------
Segundo Acto: Pensamientos de dolor
Aquí arriba de las nubes recordando su expresión,
su rostro maternal y yo sentando sobre mi casco.
Seco con disimulo las lágrimas y pienso en mi nación,
mis amigos, mis hermanos y su desesperación.
Ocultos bajo refugios intentando ver el sol;
y en sus ojos tan llorosos una cruel preocupación.
El tiempo pasa aquí adentro y las hélices me aturden,
tengo miedo y pregunto si de veras hay un dios.
¿Por qué la sangre y el sufrimiento si su firma es el perdón?
Tengo rabia en mis entrañas, quiero pisar el suelo,
enfrentarme al enemigo y odiar a su nación.
Quiero verme como héroe de los que silenciados
ansían venganza.
Ser el rostro del demonio en trincheras embarradas.
Pero sé que estoy nervioso y pienso insano.
Veo rostros donde no los hay porque creo que los oigo.
Estoy triste en este avión y se acerca el mediodía.
Preparando mi atención a un salto de despedida;
el paracaídas es mi avión y las luces de otro día
se presentan ante mí dándome la bienvenida
---------------------------------------------------------
Tercer Acto: Detrás de las líneas enemigas
Caigo sobre charcos, recepcionado por el fango.
Algunos caen heridos por la brutalidad del salto.
Preparo mis fusiles y mis balas sin pensarlo,
y casi es innato poner mi mente en blanco.
La trinchera improvisada por los cráteres surgidos;
es impiadoso decir que no me siento protegido,
Y cada bala que disparo termina con mi objetivo;
Y pensar que son humanos o mejor dicho que lo han sido.
Transpiro febrilmente y muero de calor con los minutos.
Acá hacen como 3 grados pero no con el peligro.
La noche se hace eterna y el horizonte infinito;
sólo el viento suena aquí pero es mentirme a mí mismo,
sólo gritos hay aquí de mis compañeros caídos.
Su sangre en mi uniforme se confunde con la mía
y lo que duele en esta guerra es no saber quien es la víctima.
Ahora pienso con agobio en el pesar de mi familia,
pero se con orgullo que por ellos doy la vida.
Tras las horas de bravura llega el mensaje de despedida:
aquellos de mi lado conquistaron Normandía
---------------------------------------------------------
Cuarto Acto: Vuelta a la civilización
Llega sano mi cuerpo pero no así mi mente;
Tengo en ella tanta furia, tanta muerte.
Tengo el color de la sangre y el sufrir de mucha gente,
y la responsabilidad dolosa que de mi depende.
Contar a los míos lo visto, todo el horror vivido:
las casas destruidas, y la cara de los niños;
el dolor de aquellas madres que perdieron a sus hijos,
y de aquellos hijos de una patria que fueron convencidos
de morir por una causa sin saber que les han mentido.
Llego presto a un abrazo, no a la medalla que hemos recibido.
Llego a testificar ante los míos que la gloria no es victoria
sino haber sobrevivido.
Creo haber dejado todo por mi nación y por mis hijos,
y quiero que ese sea el honorable legado
para todos aquellos que, como soldados,
eligieron para su patria ser el escudo sagrado.
Verdad, coraje y honor,
Nunca dejen que sean vedados.
Epilogo (instrumental)
Primer Acto: El llamado de la Nación
Comenzó una navidad, noche cálida de humedad.
Fui citado de urgencia por la sádica verdad.
Esa noche algo cambió, el cielo se tiñó.
Nubes destellantes son reflejo del fuego que escupe el suelo.
Esos rostros que veo, alientan mi condición
y la desesperación divulga la compasión.
Subí asustado a ese avión, un carguero improvisado;
silbando Stukas vislumbraron mi posición:
Ahí todo comenzó.
Fiebre, sangre y hedor. Cenizas y pólvora.
Esa es toda la cuestión, es cuestión de olvidar.
Madre reza por los dos, porque viva y por vos.
Solitaria quedarás en los brazos de esta realidad.
Encendimos el motor, las aspas se movieron,
la adrenalina y el sopor... es que hay miedo.
Mis compañeros tiritaban, hacia frío y esas balas
atinaban con furia y sin distracción.
Una vez a 10 mil metros todo fue calma y alivio;
las órdenes se olvidaron porque todo había pasado.
Ahora era tiempo de reflexión...
---------------------------------------------------------
Segundo Acto: Pensamientos de dolor
Aquí arriba de las nubes recordando su expresión,
su rostro maternal y yo sentando sobre mi casco.
Seco con disimulo las lágrimas y pienso en mi nación,
mis amigos, mis hermanos y su desesperación.
Ocultos bajo refugios intentando ver el sol;
y en sus ojos tan llorosos una cruel preocupación.
El tiempo pasa aquí adentro y las hélices me aturden,
tengo miedo y pregunto si de veras hay un dios.
¿Por qué la sangre y el sufrimiento si su firma es el perdón?
Tengo rabia en mis entrañas, quiero pisar el suelo,
enfrentarme al enemigo y odiar a su nación.
Quiero verme como héroe de los que silenciados
ansían venganza.
Ser el rostro del demonio en trincheras embarradas.
Pero sé que estoy nervioso y pienso insano.
Veo rostros donde no los hay porque creo que los oigo.
Estoy triste en este avión y se acerca el mediodía.
Preparando mi atención a un salto de despedida;
el paracaídas es mi avión y las luces de otro día
se presentan ante mí dándome la bienvenida
---------------------------------------------------------
Tercer Acto: Detrás de las líneas enemigas
Caigo sobre charcos, recepcionado por el fango.
Algunos caen heridos por la brutalidad del salto.
Preparo mis fusiles y mis balas sin pensarlo,
y casi es innato poner mi mente en blanco.
La trinchera improvisada por los cráteres surgidos;
es impiadoso decir que no me siento protegido,
Y cada bala que disparo termina con mi objetivo;
Y pensar que son humanos o mejor dicho que lo han sido.
Transpiro febrilmente y muero de calor con los minutos.
Acá hacen como 3 grados pero no con el peligro.
La noche se hace eterna y el horizonte infinito;
sólo el viento suena aquí pero es mentirme a mí mismo,
sólo gritos hay aquí de mis compañeros caídos.
Su sangre en mi uniforme se confunde con la mía
y lo que duele en esta guerra es no saber quien es la víctima.
Ahora pienso con agobio en el pesar de mi familia,
pero se con orgullo que por ellos doy la vida.
Tras las horas de bravura llega el mensaje de despedida:
aquellos de mi lado conquistaron Normandía
---------------------------------------------------------
Cuarto Acto: Vuelta a la civilización
Llega sano mi cuerpo pero no así mi mente;
Tengo en ella tanta furia, tanta muerte.
Tengo el color de la sangre y el sufrir de mucha gente,
y la responsabilidad dolosa que de mi depende.
Contar a los míos lo visto, todo el horror vivido:
las casas destruidas, y la cara de los niños;
el dolor de aquellas madres que perdieron a sus hijos,
y de aquellos hijos de una patria que fueron convencidos
de morir por una causa sin saber que les han mentido.
Llego presto a un abrazo, no a la medalla que hemos recibido.
Llego a testificar ante los míos que la gloria no es victoria
sino haber sobrevivido.
Creo haber dejado todo por mi nación y por mis hijos,
y quiero que ese sea el honorable legado
para todos aquellos que, como soldados,
eligieron para su patria ser el escudo sagrado.
Verdad, coraje y honor,
Nunca dejen que sean vedados.
Epilogo (instrumental)
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
